Cuando nuestro hijo va creciendo, una de las cosas que más nos gusta es poder verle dar sus primeros pasos. Sin embargo, antes de eso muchos niños suelen aprender a gatear (hay niños que no), una alegría también para los padres, pero un inicio de los problemas.

Y es que, cuando empieza a gatear (normalmente a partir de los 8 meses), el niño es capaz de moverse por casi cualquier parte de la casa con el consiguiente peligro que puede entrañar (escaleras, enchufes, muebles, etc.). Los niños lo recorren todo y, cuando ven algo que les gusta, suelen intentar alcanzarlo, sea lo que sea.

Por eso decimos que, al empezar a gatear es cuando se pueden producir más accidentes (cosas que haya en el suelo y pueda llevárselas a la boca, acceso a objetos que no debería manipular, etc.).

En estos meses, cuando nuestro hijo ya se da sus paseos lo mejor es “proteger la casa”, es decir, poner barandillas para que no pase las escaleras, protecciones en los enchufes, no dejar nada a su alcance, cuidado con los objetos que se pueden romper, etc.

Mientras gatea, el niño va fortaleciendo los músculos de las piernas y los brazos, algo que le vendrá muy bien para, al cabo de unos meses, dar sus primeros pasos y poder caminar solito (aunque entonces sí que hay que guardar todo lo que haya en la casa que no queramos que rompa o coja).


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