La era digital ha traído muchísimos avances, pero también, aunque nos cueste reconocerlo, ciertos retrocesos: ¿en cuántas ocasiones estamos más atentos del móvil que de una animada conversación con nuestros amigos?, ¿cuánto tardamos en sacar el Smartphone de nuestro bolsillo cuando sentimos una vibración? Estas prácticas, que ya son nocivas en los adultos, deben quedar totalmente alejadas de nuestros hijos, que necesitan desarrollar sus capacidades sociales y su imaginación fuera de lo que una pantalla les muestre. Para ello, os recomendamos ciertas prácticas que os ayudarán a desarrollar y estimular la creatividad de vuestros hijos: desde contar con una habitación temática para niños de la que no quieran salir, hasta desarrollar sus capacidades y aficiones.

 

Cama coche Dormitorios temáticos

Imagen: dormitoriostematicos.com

La habitación: enclave de su creatividad

La habitación de nuestro hijo es su pequeño universo: si la llenamos de pantallas y de medios tecnológicos más allá del mundo que ellos sean capaces de crear por sí mismos, estaremos delimitando su creatividad.

Por ello, nada mejor que una habitación divertida, donde lo que menos destaque sea el ordenador o la televisión, que mucho mejor si se encuentra en otro lugar común como el salón o el comedor. Pero ojo, para que la creatividad sea una diversión y no una obligación, debemos dotar a la habitación de aquello con lo que nuestros hijos disfrutan: ¿les gusta el fútbol? No tienen por qué contar con un campo para practicarlo si tienen un futbolín o un lugar donde jugar con las chapas en el que el ambiente a su alrededor le traslade a un jaleante estadio. ¿Le gustan los coches? No dejes que hasta que cumpla su mayoría de edad se tenga que conformar con los simuladores de los videojuegos y llénale la habitación de maquetas o incluso una cama bólido que sea la envidia de la escuela.

Nunca prohibir, sino regular

Tampoco se trata ni de estigmatizar ni de condenar a las nuevas tecnologías: no ocurre nada si nuestro hijo quiere disfrutar de unos dibujos animados o jugar con el ordenador. De hecho tampoco es sano aislarlo de las pantallas en un mundo que se rige por ellas y en el que tarde o temprano se les va a solicitar cierta maestría en sus usos. Pero de lo que si se trata es de regular su uso.

Lo que sí que siempre tenemos que tener presente la siguiente máxima a la hora de proporcionar un ordenador o dejar ver la televisión a nuestros hijos: que su uso no le impida realizar otras tareas ni que se lleven enganchados a estas tecnologías horas y horas al día.

Ofrecer siempre alternativas

No nos tenemos que llevar a engaños: si a un niño no le gusta la lectura, por mucho que le pongamos a su alcance la mejor biblioteca infantil posible, no acabará por preferir un libro a un ordenador. Pero si ese mismo niño muestra afición por la mecánica, ¿por qué no proporcionarle juegos de construcción?

Muchas veces usamos las pantallas como comodín, como aquello que nos sirve para mantener entretenido a nuestro hijo en momentos en que lo necesitamos. Sin  embargo merece mucho más la pena para su educación y para el desarrollo de sus aptitudes pararnos a pensar unos segundo qué es realmente con lo que disfruta nuestro hijo y por qué no, ofrecérselo no como una recompensa, sino como un estímulo.