¿Pensabais que las fases del sueño del bebé se parecían mucho a las vuestras? No os equivoquéis, los bebés tienen un ritmo propio diferente al de los adultos. Muchos padres observan, tras haber acostado al bebé, que éste se mueve mucho, movimiento de brazos, de piernas, mímicas extrañas, ojos que se mueven y que se entreabren, etcétera.

Autor: ErikaWittlieb-Pixabay

En todo caso, no conviene cogerlo en brazos en ese momento, pues que se corre el riesgo de perturbarlo, ya que está en fase de dormirse. Más información en http://dormir-bien-ya.com/dormir-bebes/.

Después viene la fase del sueño llamada tranquila. El bebé no se mueve y su respiración es más amplia. Esta fase dura unos 20 minutos, y el niño no se despierta. Es el momento para aprovechar y descansar al máximo…

Preparar un lugar cómodo

Incluso siendo muy pequeño, un bebé necesita puntos de referencia para dormirse serenamente. Si todas las familias no tienen la suerte de reservar una habitación para cada niño, es importante privatizar un pequeño lugar seguro para el bebé. El pequeño necesita encontrar en su espacio el sueño, con los mismos objetos, el mismo ambiente, antes de dejarse caer entre los brazos de Morfeo.

No dudéis a la hora de separar su lugar para pasar la noche del resto de la habitación, a través de un pequeño biombo, y llenarlo con objetos familiares tales como luces suaves, pequeños objetos de juego, etcétera. Esto facilita que el bebé consiga dormirse.

Acompañarlo a la cama

Al crecer, el bebé evoluciona, y su sueño también. ¿Notáis que está excitado antes de ir a la cama? ¿Llora y evita acostarse? No hay por qué asustarse, se le puede acompañar suavemente hacia el sueño. Primeramente, instalando un ritual, como ir a hacer pipí, lavarse los dientes, etcétera. Después, no dudéis en llevarlo a la tranquilidad de la casa, realizando un masaje en la espalda, por ejemplo, o contándole un bonito cuento.

Saber decir NO

Os disponéis a coger el sueño, cuando de repente el bebé de 12 meses parece gruñir en un semisueño. Os acercáis a él, con un biberón de leche caliente, con la idea de calmarlo. La intención es buena, pero el niño entiende que cuando llora, inmediatamente recibe un biberón.

Seguramente, al día siguiente repetirá el mismo truco. El mecanismo de las noches infernales está en marcha. Conviene decir NO firmemente, sin tener que justificarse. Lo ideal es no tener que cambiar la decisión tomada para que el niño se sienta totalmente seguro.