Qué hacer cuando tu hijo llora

El llanto de un recién nacido cumple múltiples funciones. Le permite pedir ayuda cuando tiene hambre o se siente molesto. Le permite desconectarse de sonidos, visiones u otras sensaciones demasiado intensas para él. Y le ayuda a tranquilizarse.

También notará que en ciertos momentos del día su hijo se pone a llorar, a pesar de no estar hambriento, molesto ni cansado. Nada de lo que haga logrará calmarlo, pero comprobará que después de estas “crisis”, parecerá estar más alerta que antes y que, al cabo de un rato, se quedará profundamente dormido. Parece que estos llantos repentinos ayudan a los bebés a “quemar” la energía que les sobra, calmándolos y permitiéndoles conciliar el sueño.

Si se fija atentamente en las distintas formas de llorar que tiene su hijo, pronto sabrá distinguir cuándo necesita que lo cargue, lo consuele o se incline sobre él y cuando es mejor que lo deje solo. Es posible que, incluso, aprenda a identificar necesidades específicas de su hijo por el modo que tiene de llorar. Por ejemplo, el llanto de hambre suele ser corto y grave, con subidas y bajadas de intensidad. El llanto de enfado suele ser más turbulento y el de dolor o malestar suele ser repentino y sonoro, empezando con un chillido largo y agudo, seguido de una larga pausa, para acabar con un gemido uniforme. El llanto de “quiero estar solo” suele ser bastante parecido al de hambre. No le costará mucho tiempo aprender qué es: que le está intentando decir su hijo cuando llora.

A veces pueden mezclarse varios tipos de llantos distintos. Por ejemplo, los recién nacidos suelen despertarse hambrientos y lloran porque tienen hambre. Si usted no acude en seguida, el llanto de hambre puede dar paso a un grito de rabia. Ara la diferencia. A medida que el bebé vaya madurando, sus llantos se irán naciendo más fuertes, más sonoros y más insistentes.

La mejor forma de afrontar el tema del llanto durante los primeros meses es responder con prontitud cuando su hijo llore. Por el hecho de prestarle atención no va a “malcriar” a ningún bebé; y, a veces es bueno responder a sus llamadas de ayuda.

Cuando responda al llanto de su bebé, intente satisfacer en primer lugar su necesidad más apremiante. Si tiene frío y hambre y sus pañales están mojados, déle de comer, cámbielo y aliméntelo. Si el llanto parece más bien un chillido, debería considerar la posibilidad de que se haya abierto alguno de los ganchos que su estén el pañal o que se haya enredado un mechón de pelo en un dedo. Si está llorando, seco y alimentado, pero no hay forma de calmarlo, ensaye las siguientes técnicas de consuelo para encontrar las que funcionen mejor con su bebé.

Acarícielo suavemente en la cabeza o déle unas palmaditas en la espalda o en el pecho.

Arrópelo o envuélvalo en un arrullo bien ajustado.

Háblele o cántele algo.

Póngale música suave.

Paséelo un rato en brazos, o en el cochecito.

Paséelo en el auto.

Expóngalo a un ruido rítmico o a una vibración.

Hágale eructar para que pueda expulsar los gases acumulados.

Un baño tibio (a la mayoría de bebés les encanta, pero no a todos).

Arrúllelo ya sea en una mecedora o en sus brazos, balanceándose, de un lado a otro.

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