La succión del dedo en el bebé.

Todos en alguna etapa de la vida, habrán visto que los niños pequeños tienen la costumbre de llevar sus dedos la boca. Es casi uno de los íconos más comunes de la primera edad y posee toda una explicación psicológica específica.
En los ámbitos de estudio es muy común llamar a este tipo de succión del dedo como ‘succión no nutritiva’ y que se basa en la chupeteo por parte del niño de un objeto tal como puede ser el chupete. Esto es causado por reflejos fisiológicos comenzados en lo que alguna vez fue la vida intrauterina y que tenía como finalidad preparar al feto para la búsqueda de alimento por parte del amamantamiento. Todo este mecanismo parece comenzar entre la semana decimotercera y decimosexta de gestación.
Pero pasado el año y ya finalizado el proceso de alimento mediante lactancia materna, el niño sustituirá la succión con fines alimentario a una succión con fines psicológicos. Se sienten indefensos o amenazados frente a un gran medio desconocido al cual en algún momento deberán salir a afrontar y eso les llena de inseguridades y temores. Por ello mismo es que compensan esa sensación de inseguridad mediante una descarga que encarnan en la succión dactilar.

Pero no necesariamente el niño recurrirá a sus extremidades para chupar, sino también pueden sustituirlos por un chupete, el pelo, un juguete, una manta, entre otros. Y también las personas que se encuentren al cuidado del pequeño deberían ser lo suficientemente capaces para detectar actitudes similares que suplanten esa acción, tal como puede ser jugar tomar como propio un objeto y no soltarlo nunca. No hay que confundir tampoco la ansiedad del octavo mes con ello, donde muchos padres le otorgan al niño un peluche para que no sufra tanto la ausencia de la madre y su proceso de independencia. Además éste cuadro se da en tiempos anteriores a la finalización del período de lactancia.

Bajo reglas generales la succión dactilar no genera un problema serio en la medida que sea moderado. No obstante, teniendo en cuenta ciertos factores como puede ser la frecuencia con la que se lleva el dedo a la boca, la intensidad con la que realiza la succión y la duración entre sesiones que realiza, se podría realizar un planteo de si esta costumbre puede acarrear problemas futuros con respecto a su desarrollo dentario.
Por lo general aquellos niños mayores de cuatro años que continúan llevándose el dedo a la boca constituyen un grupo severo de este tic. De hecho son los que pueden producirse a sí mismos un gran nivel de alteraciones a nivel mandibular. Tanto para los dientes frontales como para el esqueleto óseo en general. No debe olvidarse que la dentadura de leche es completamente moldeable y que muchos estímulos descargados sobre la capa ósea pueden desarrollar desviaciones que en años posteriores deben ser arregladas mediante algún tipo de tratamiento odontológico.

En cuestión de enumerar posibles trastornos a nivel mandibular, se podrían citar los siguientes casos:

Mordida anterior o también llamada mordida abierta, donde la falta de contacto entre los incisivos inferiores con los superiores causan una mordida incompleta en la que solo participan sus dientes posteriores molares. Los cuales son menos en dentición primaria hasta que el pequeño cambie su dentadura de leche hacia la final.

Inadecuado desarrollo maxilar: Los huesos maxilares son dos y ambos se encuentran en la parte superior de la arcada dentaria. Hay un hueso maxilar izquierdo y otro derecho, ambos se encuentran unidos por articulaciones muy fuertes que evitan el desplazamiento contrario. La acción de succionar con una gran intensidad o a lo largo de varios años puede generar un inadecuado crecimiento que evite un correcto desplazamiento de la lengua.
La lengua debe ocupar un espacio central y pegado al paladar, cuando el dedo ocupa el lugar en el que debiera estar este órgano se produce una merma en la estimulación para el crecimiento de los huesos. Finalmente, en el niño más maduro se terminará careciendo del espacio necesario y las dificultades a la hora de hablar pueden ser evidentes.

Adelantamiento de los dientes frontales: Por cuestión de fuerzas e inercia, una succión constante puede desplazar a los dientes frontales hacia adelante y generar una molesta mordida que sobresale por los labios.

Para evitar este tipo de problemas será ideal reconocer a tiempo que el niño está demasiado tiempo con el dedo en la boca. Hasta el primer año es totalmente normal esta acción en lactantes, pues hay que tener en cuenta que se guían por su reflejo natural. El problema sobreviene al pasar el año, siempre existirá un momento en común durante el cual el niño necesitará llevarse el dedo a la boca. Por lo general es algún tipo de ansiedad o estrés, puede ser también el hambre, el contacto social, el aburrimiento, etc.
Eso dependerá de cada uno. No es buena idea obligarle a quitar el dedo de la boca con retos, es mejor identificar la causa e intentar subsanarla.
Pero también puede realizarse cierta clase de psicología inversa recomendada por su médico o bien explicándole sin generarle cargos de conciencia ni ningún tipo de complejo.
Algunas personas luego de hablar con su hijo tienden a recompensarlo por el tiempo que no ha llevado el dedo a la boca o también le echan la culpa al dedo como si él mismo fuera quien se ha metido en la cavidad oral.
Es bueno trabajar con total discreción porque de lo contrario se terminará creando un complejo sobre el niño y se sentirá estresado o insultado. Causando además, una mayor necesidad de llevarse el dedo hacia la boca.

Una correcta detección a tiempo de este tipo de tic puede prevenir en un futuro la necesidad de utilizar aparatos odontológicos u algún otro tipo de tratamiento de la misma característica. Además se garantiza de que el joven no esté pasando por momentos traumáticos y si lo hace, tener el suficiente apoyo y acompañamiento para superarlos. Hay que tener en cuenta que la dentición definitiva se da a partir de los 5 años, se debe intentar entonces que el niño deje de chuparse el dedo antes de ese tiempo.

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