Entre los 5 y 8 años, los niños están en búsqueda de identificación. Necesitan un modelo, normalmente en los padres o en los adultos que los rodean. De esta forma, comienzan a disfrazarse poniéndose los zapatos de tacón de la madre, o las gafas del padre, proyectándose hacia un futuro. El disfraz tiene el poder de acelerar el tiempo. En una tienda de disfraces online se pueden adquirir diferentes modelos.

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Al disfrazarse, los niños experimentan lo que les gustaría ser más tarde. Pueden imaginar ser un personaje heroico, adoptando la forma de una princesa o de un personaje de dibujos animados. Este disfraz les permite igualmente esconder la fragilidad de la infancia. También les ofrece un instante de ilusión, que ya no están bajo la dependencia de un adulto, que son grandes, fuertes, dotados con poderes excepcionales. No olvidemos que también se encuentra online algún disfraz bebe.

¿De qué forma el disfraz permite la expresión del niño?

Se trata de una actividad muy creativa. Por esta razón conviene dejar al niño la elección de escoger su propio disfraz. Vestirse de monstruo le permite por ejemplo exorcizar sus miedos. Entrando en la piel de este personaje aterrador, el niño termina controlando sus miedos.

Igualmente puede ser una manera de dominar su peor lado, y controlarlo. Mientras que si escoge el disfraz de un payaso, es para adquirir sentido del humor, libertad, potencial de transgresión de ese personaje. La elección del disfraz es simbólica, y revela las cualidades que al niño le gustaría tener en un momento preciso de su existencia.

Los mejores momentos para disfrazarse

La vida del niño está marcada de tiempos fuertes donde el disfraz adquiere cierto protagonismo para celebrar una fiesta, como puede ser en Carnaval, para Halloween, una fiesta del colegio, un cumpleaños, etcétera. Este disfraz festivo tiene por función que los demás lo vean, para desmarcarse del resto, o por el contrario integrarse en el grupo. En este caso, el placer se encuentra en el hecho de ser admirado, pero también en los preparativos de la fiesta que estimulan el imaginario del niño.

No obstante, es posible que este último no se encuentre realmente a gusto el día de la fiesta de disfraces, sobre todo si lleva un traje que no ha sido preparado por él mismo. Cuando el niño se disfraza solo, es algo absolutamente diferente. Si el baúl con los disfraces está a su disposición dentro de su habitación, él mismo podrá componerlo en función de sus gustos.